Cardos – huéspedes variados y a menudo molestos en el jardín

El término «cardo» no designa una única especie vegetal, sino a todo un conjunto de diferentes especies y géneros dentro de la familia de las compuestas (Asteraceae). Todas ellas tienen en común que se protegen de los herbívoros mediante espinas. En algunos casos solo las flores están armadas con espinas; en otras especies, también las hojas o incluso el tallo. En los jardines españoles proliferan con frecuencia el cardo borriquero, el cardo mariano y el temido cardo común o cardo corredor. De estos, únicamente el cardo borriquero puede extraerse con las manos sin protección; el resto de géneros presentan espinas dolorosas en los márgenes de las hojas y, en ocasiones, también en las flores. La mayoría de las especies de cardo son anuales o bianuales, lo que provoca que plantas aparentemente eliminadas rebroten inesperadamente al año siguiente. Esto se debe a las raíces pivotantes características de los cardos, que penetran profundamente en el suelo y sobreviven a la extracción superficial de la planta. Por otro lado, puedes frenar su expansión evitando que los cardos lleguen a diseminar sus semillas.
Cómo combatir los cardos en tu jardín
La razón más importante para eliminar los cardos cuanto antes tras su aparición es que, debido a su rápido crecimiento y a sus grandes hojas dispuestas en roseta, compiten con otras plantas del parterre o del césped, arrebatándoles luz y nutrientes. Como se reproducen tanto por rizomas como por semillas, una sola planta puede convertirse con el tiempo en una docena, ocupando cada vez más espacio en el jardín y dejando sin oportunidad a otras especies.
Lo más eficaz: eliminar el cardo junto con la raíz
Al igual que ocurre con la mayoría de las malas hierbas, que almacenan energía en sus raíces para rebrotar una y otra vez, la mejor forma de eliminar los cardos es extrayéndolos junto con su raíz. Sin embargo, dado que las raíces pivotantes pueden penetrar muy profundamente en el suelo, especialmente en ejemplares ya desarrollados, se trata de un trabajo realmente duro. Para hacerlo, elige preferiblemente un día después de una lluvia intensa. Con el suelo bien empapado, la tarea resultará mucho más sencilla. No utilices nunca una pala para desenterrar los cardos, ya que con ella es muy fácil cortar los pequeños rizomas y, en el peor de los casos, todo el esfuerzo habrá sido en vano. Los cardos pueden rebrotar a partir de fragmentos de raíz relativamente pequeños y multiplicarse así de forma involuntaria. Los arrancadores o extractores especiales de malas hierbas están diseñados específicamente para extraer las plantas junto con su raíz y son, por tanto, una alternativa muy recomendable. No obstante, la extracción manual solo resulta efectiva con cardos pequeños o medianos. En el peor de los casos, la raíz pivotante puede superar los dos metros de profundidad, lo que hace inviable su extracción completa. Por eso, combate los cardos lo antes posible en cuanto los detectes. Antes de ponerte manos a la obra, ponte siempre guantes de jardinería para evitar heridas con las hojas espinosas. Las heridas no solo son dolorosas, sino que en ocasiones pueden provocar reacciones alérgicas o infecciones.