Una planta con muchos nombres
Celidonia mayor, hierba de las golondrinas, hierba verrugosa o yerba celandina son solo algunos de los nombres con los que se conoce popularmente a la planta de nombre botánico Chelidonium majus. La variedad de nombres populares indica que desde tiempos remotos fue muy importante para la población, principalmente como planta medicinal para enfermedades de la piel y verrugas. La eficacia contra estas últimas ha sido incluso parcialmente demostrada de forma científica. En la naturaleza encontrarás la celidonia, que prefiere suelos ricos en nitrógeno, frecuentemente en solares abandonados y bordes de caminos. Esta robusta planta, que puede alcanzar hasta 70 centímetros de altura, es capaz de crecer incluso en grietas de muros o en zonas montañosas. Es perenne y en gran medida resistente al frío invernal, por lo que una invasión en el jardín no desaparece por sí sola. Su reproducción se produce tanto por semillas como a través de su sistema de raíces ramificado.
Cómo eliminar la celidonia del jardín
Una sola planta de celidonia en el jardín no suele ser problemática. Por eso muchos la dejan crecer al principio y solo le prestan atención cuando las plantas herbáceas comienzan a extenderse cada vez más. Como esta planta de flores amarillas crece rápido en altura y anchura durante la primavera, deja poco espacio y luz a las plantas vecinas, que a menudo acaban muriendo. También el césped tiene dificultades bajo las grandes hojas de la celidonia y se va debilitando hasta secarse por completo. Para salvar la plantación del jardín, hay que conseguir que la celidonia desaparezca de forma permanente. Por cierto, no todos los jardineros tienen problemas con la celidonia. Como estas plantas prefieren suelos ricos en nitrógeno y lugares húmedos, solo prosperan en zonas de césped que se abonan y riegan en exceso. También al pie de muros o paredes de la casa suele haber más humedad por la sombra que proyectan, lo que favorece que la celidonia se instale allí a sus anchas.
Arrancar la celidonia a mano

El escardado clásico es uno de los pocos métodos eficaces contra la celidonia. Como el contacto con la savia anaranjada de la planta puede provocar fácilmente irritaciones cutáneas o reacciones alérgicas, es imprescindible que uses guantes para esta tarea. Como con todas las malas hierbas de raíz profunda, conviene intentar arrancar la planta entera junto con todas sus raíces, ya que de lo contrario rebrota una y otra vez. Si la invasión ya está muy extendida y no tienes intención de remodelar el parterre o parte del césped, esto resulta prácticamente imposible. En ese caso, no te quedará más remedio que retirar repetidamente la parte aérea de la planta y la mayor cantidad posible de raíz. Así irás agotando las reservas subterráneas y, con el tiempo, la celidonia acabará por morir. Pero atención: hasta que eso ocurra, se necesita paciencia y constancia. Si en tu jardín solo hay plantas de celidonia aisladas o muy pequeñas, el escardado a mano es un método rápido y eficaz. En cualquier caso, procura siempre eliminarla antes de que florezca y forme semillas. De una sola planta puede surgir al año siguiente una auténtica alfombra de pequeñas plantitas de celidonia que te costará un enorme esfuerzo erradicar.
Combatir grandes cantidades de celidonia
Cuando la celidonia ya se ha extendido tanto que el escardado a mano deja de ser una opción (o simplemente no tienes tiempo suficiente para ello), todavía quedan otros métodos para deshacerte de esta indeseable visitante en el jardín.
Si la celidonia se limita a una zona donde solo crece césped, puedes siegarla semanalmente junto con la hierba. Aunque esto no la elimina de inmediato, la debilita con el tiempo y evita que siga extendiéndose. Especialmente en primavera, cuando la mala hierba crece muy rápido, puede ser necesario segar los brotes frescos varias veces por semana. De lo contrario no se debilitará lo suficiente como para desaparecer definitivamente. Si no quieres sacar el cortacésped cada vez, también puedes usar un recortador de bordes o una desbrozadora. Esto reduce aún más el esfuerzo en el control de malas hierbas. Ten en cuenta que no debes depositar trozos de raíz de celidonia en el compost, ya que puede rebrotar y volver a crecer con facilidad. Seca las partes de la planta segadas al sol antes de compostarlas, o bien deséchalas a través del contenedor de residuos orgánicos o del contenedor general.