

Eliminar ortigas del jardín: guía eficaz
Eliminar ortigas: de forma eficaz y definitiva
Si hay una planta que todo el mundo sabe reconocer, esa es sin duda la ortiga. No es de extrañar: un simple roce con los pelos urticantes que recubren la planta deja una sensación muy difícil de olvidar, con ronchas que pican durante un buen rato. Y hay otra razón por la que las ortigas resultan tan molestas en el jardín: son doblemente difíciles de eliminar de forma permanente.
La ortiga: molesta y útil a la vez

En la naturaleza, las ortigas crecen principalmente en lugares soleados o semisombreados, con suelos ricos en nitrógeno y materia orgánica. Es habitual encontrarlas en riberas de ríos, claros de bosque o prados. Según la especie, pueden ser anuales o perennes. La más extendida, la llamada «ortiga mayor» (Urtica dioica), desarrolla un extenso sistema de rizomas y es muy resistente. Puede alcanzar hasta tres metros de altura y, cuando las condiciones le son favorables, tiende a extenderse de forma invasiva. Su nombre, y su fama, se los debe a los pelos urticantes que recubren todas sus partes verdes. Estos pelos la protegen de los herbívoros, ya que al contacto actúan como una pequeña jeringuilla que inyecta líquido urticante en la piel. El ácido fórmico y otras sustancias que contiene provocan las típicas ronchas que pican y escuecen, y que tardan un tiempo en desaparecer. Por desgracia, no existe ningún remedio para acelerar el proceso. Solo las cremas para picaduras de insectos pueden aliviar algo el picor. Con la técnica adecuada (los pelos urticantes suelen estar orientados hacia arriba) y el equipo apropiado, es posible evitar sufrirlos al arrancar las ortigas.

Pero la ortiga no es solo una mala hierba temida. Muchas de sus propiedades la convierten también en una aliada valiosa en el jardín. El purín y el caldo de ortiga pueden usarse tanto como abono como para combatir otras malas hierbas no deseadas. Algunas plagas, como los ácaros o los pulgones, no toleran su jugo y pueden ahuyentarse con él. En la cocina, esta planta rica en vitaminas y minerales tiene muchos usos. Todas sus partes pueden cocinarse y prepararse como las espinacas u otras verduras de hoja. Su sabor es algo amargo, por lo que no es del gusto de todos. Para aprovechar sus propiedades medicinales, se prepara principalmente una infusión con las hojas, que tiene efecto diurético y se dice que activa el metabolismo. Un truco para cosechar las hojas sin sufrir picazón es deslizar los dedos a lo largo del tallo de abajo hacia arriba, de modo que los pelos orientados hacia arriba no puedan penetrar en la piel. Usa guantes de todas formas. Atención: muchas especies de orugas autóctonas, como las de la mariposa pavo real o el almirante rojo, se alimentan de hojas de ortiga, por lo que es importante no erradicarlas por completo.
Combatir las ortigas en el jardín
Aunque quieras aprovechar las propiedades positivas de la ortiga, seguramente no deseas que crezca por todo tu jardín a su antojo. Si ya se ha extendido, hay que ponerle freno. Si quieres cultivar algunas plantas para usar sus hojas y tallos en el jardín y en la cocina, lo ideal es destinarles un rincón apartado, por ejemplo cerca del compostador. Allí la ortiga suele sentirse a gusto, no molesta a nadie y evita que otras malas hierbas invadan ese espacio.
Eliminar las ortigas a mano

Debido a los pelos urticantes y su doloroso efecto, al eliminar ortigas hay que proceder de forma diferente a como lo harías con otras malas hierbas que simplemente puedes agarrar y arrancar. Es imprescindible usar siempre guantes durante el trabajo. Incluso si siegas las ortigas, aunque los pelitos no puedan arañar tu piel directamente, el líquido urticante se libera igualmente. Si entras en contacto con él, al principio puede que no notes nada, pero horas después la mezcla penetra en las capas más profundas de la piel y se manifiesta con picazón y escozor. Por eso también es muy recomendable llevar ropa que cubra brazos y piernas al eliminar ortigas.
Para reducir el riesgo de irritaciones, suele ser útil segar primero las ortigas antes de empezar a atacar las raíces. En el césped puedes hacerlo simplemente con el cortacésped; en otras zonas, una desbrozadora te prestará un buen servicio. Cortar solo la parte aérea de la planta no es suficiente para eliminar las ortigas de forma permanente, a menos que tengas mucha paciencia y repitas la operación al menos semanalmente durante un período de hasta dos años. A veces, cuando no es posible desenterrar todas las raíces, no queda otra opción. Sin embargo, si se trata de unas pocas ortigas, suele ser mejor esforzarse una sola vez y no tener que volver a ello. El mejor momento para arrancar las raíces es un día después de una buena lluvia: la tierra bien empapada está más suelta y te resultará mucho más fácil extraer todas las raíces hasta sus ramificaciones más pequeñas. Así aumentan las posibilidades de no volver a ver las ortigas tras la limpieza. Lo ideal es actuar en primavera, antes de que las ortigas empiecen a florecer y se resiembren solas; de lo contrario, tendrás que repetir la faena el año siguiente.
Alternativas a arrancar las raíces
Si las ortigas ya han ocupado una gran superficie del jardín, puede resultar demasiado laborioso y lento arrancar todas las raíces. Y si la mala hierba crece junto a un muro o en el límite de la parcela, este método sencillamente no es viable. Si tampoco quieres tener que segar los rebrotes una y otra vez, tienes dos alternativas:

Aprovechar los recortes de ortiga en el jardín
Gracias a sus valiosos componentes, las ortigas arrancadas o segadas no tienen por qué acabar necesariamente en el cubo de basura orgánica. Eso sí, no las eches frescas al compostador, ya que podrían rebrotar y seguir extendiéndose. Sécalas primero al sol o guárdalas durante una semana en bolsas de plástico negro para asegurarte de que están muertas antes de compostarlas. Como alternativa, puedes utilizarlas para preparar abono o herbicida natural:
Antes de usarlo como abono, diluye el purín ya preparado, ya que concentrado puede dañar las plantas. Para plantas jóvenes, usa una proporción de 1:20 de purín y agua. Para plantas más desarrolladas, basta con diluirlo a la mitad, ya que toleran mejor una mayor concentración de nutrientes. Riega tus plantas preferiblemente en un día nublado con el purín de ortigas, ya que si la mezcla cae sobre las hojas puede quemarlas. Precisamente ese mismo efecto es el que aprovechas cuando lo usas contra las malas hierbas: aplícalo en un día caluroso y soleado y la mala hierba no tardará en marchitarse. Las malas hierbas de raíz pueden rebrotar, pero el purín es una buena alternativa a los herbicidas comerciales.
Herramientas útiles para el cuidado del jardín y la eliminación de malas hierbas
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